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Recurso teórico

Empatía: ¿qué es y por qué es tan importante?

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro: comprender cómo se siente una persona y responder de manera sensible a sus emociones. Es fundamental para fortalecer las bases del desarrollo emocional y social que acompañará a los niños a lo largo de toda su vida.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro: comprender cómo se siente una persona y responder de manera sensible a sus emociones. Es una habilidad social muy importante para la convivencia en contextos sociales diversos, ya que favorece el respeto por los demás, la cooperación y la solidaridad.

Tradicionalmente se pensó a la empatía como una habilidad que sólo podría esperarse en personas adultas o niños de edad más avanzada, pero actualmente sabemos que los cimientos o bases de la empatía se encuentran muy temprano en el desarrollo. Así, durante el primer año de vida los niños pueden llorar o demostrar angustia cuando ven  llorar a otro niño o un familiar o reírse cuando otro se ríe, aunque aún no comprendan bien lo que pasa. Este “contagio emocional” es una forma de empatía. Alrededor de los 2 o 3 años, empiezan a reconocer emociones en otras personas y a responder a estas emociones ajenas, por ejemplo, consolando o ayudando a quien está triste. A partir de los 4 o 5 años y, en paralelo al desarrollo de la teoría de la mente, la empatía se vuelve más compleja: los niños comienzan a entender que los demás pueden sentir diferente a ellos, incluso en una misma situación. En esta etapa, la teoría de la mente ayuda a los niños a “entender lo que el otro piensa o cree” mientras que la empatía suma la dimensión emocional: “sentir con el otro”. Ambas habilidades se desarrollan de forma paralela, se refuerzan mutuamente, y son fundamentales para el desarrollo de habilidades sociales y la autorregulación emocional en los niños.

Conceptualmente se entiende que la empatía tiene dos componentes: uno emocional y otro cognitivo. El componente emocional consiste en la respuesta afectiva que surge de observar o compartir emociones con otras personas, en otras palabras es cómo respondemos y sentimos como propia la alegría, tristeza o ansiedad ajena. El componente cognitivo está relacionado con lo que conocemos como teoría de la mente y nos permite comprender lo que piensan y sienten los demás. 

Como otras habilidades, la empatía continúa desarrollándose durante la infancia y la adolescencia, a medida que los niños van adquiriendo una mayor destreza social. En el jardín de infantes se van sentando las bases de la empatía mediante un mayor y mejor reconocimiento de emociones propias y de los demás (componente emocional). Para promover estas competencias emocionales pueden proponerse juegos y actividades en los que se converse sobre las emociones de los personajes de los cuentos o títeres o se busque dramatizar roles y emociones. Para promover el componente cognitivo o la teoría de la mente, entre los 3 y los 5 años pueden generarse momentos de diálogo en donde los niños puedan comunicar lo que sienten y piensan y los otros niños escuchar y responder a esas emociones y pensamientos. También pueden incorporarse reflexiones en los cuentos, obras de teatro o títeres en las que se propongan alternativas de acción y respuestas empáticas frente a una situación de conflicto (por ejemplo, “¿qué podría haber hecho en vez de enojarse e irse?”).

Incluir estas prácticas en las clases de nivel inicial puede ayudar a fortalecer no solo la empatía, sino también constituye una fuente de conductas sociales positivas que va a ayudar a mejorar la convivencia y va a fortalecer las bases del desarrollo emocional y social que acompañará a los niños a lo largo de toda su vida.