El uso del juego para enseñar matemática
¿Por qué elegimos el juego como recurso de enseñanza en las clases de Matemática? Los juegos resultan ser un muy buen punto de partida para iniciar un trabajo conjunto sobre un contenido. Pero la utilización del juego en el aula debe estar dirigida a su uso como herramienta didáctica.
El juego está presente en la vida cotidiana de los niños y niñas, y también de los adultos. Al jugar interactuamos con otros, tenemos que aceptar reglas, buscar estrategias para tratar de ganar, compartir, cooperar. Los juegos forman parte de toda cultura y, en general, requieren del intercambio con otros y de un experto que nos muestra las reglas, nos invita a jugar y a construir un sentido colectivo para ese conjunto de acciones que, para otro grupo, para otra cultura, podría resultar totalmente ajeno. A la vez, hay juegos tradicionales en distintas culturas que tienen mucho en común.
Patricia Sarlé (2010) plantea que la escuela tiene un rol fundamental en la transmisión de los juegos como creación cultural. En particular señala que acceder a los juegos con reglas supone un momento particular del desarrollo evolutivo y sociocultural de los niños y que requiere el acompañamiento de un adulto o un par más competente.
“Enseñar a jugar, enseñar juegos y enseñar a través de juegos, son modos diferentes que necesitamos considerar no como pares contrarios, antagónicos y excluyentes, sino como formatos diferentes de inclusión del juego en la escuela infantil” (Juego reglado, p. 14)
Podemos entonces preguntarnos: ¿por qué elegimos el juego como recurso de enseñanza en las clases de Matemática?
Cuando se asume la enseñanza de la matemática con el compromiso de la participación de todos los alumnos en una comunidad de producción, en la que se resuelven problemas con distintos procedimientos, se elaboran conjeturas, se discute sobre la validez de las mismas, se comparan producciones y se establecen conclusiones… La tarea resulta todo un desafío.
Además, si reconocemos que todas nuestras aulas, tanto cuando trabajamos en plurigrado como cuando lo hacemos en aulas graduadas, son heterogéneas y que todos los alumnos pueden aprender matemática, el desafío parece aún mayor, ya que debemos diseñar propuestas que involucren en este trabajo reflexivo a los estudiantes de distintas edades y con distintos conocimientos.
Si bien ésto puede resultar complejo en algunas situaciones, los juegos resultan ser un muy buen punto de partida para iniciar un trabajo conjunto sobre un contenido y luego, realizando pequeños ajustes y agrupamientos, es posible adecuar la tarea para distintos grupos o salas. Además, los juegos poseen la ventaja de interesar a los alumnos, con lo que, en el momento de jugar, se independizan relativamente de la intencionalidad del docente y pueden desarrollar la actividad, cada uno a partir de sus conocimientos. Pero la utilización del juego en el aula debe estar dirigida a su uso como herramienta didáctica: jugar no es suficiente para aprender. Justamente, la intencionalidad del docente diferencia el uso didáctico del juego de su uso social. En el momento de jugar, el propósito del alumno es siempre ganar, tanto dentro como fuera de la escuela. El propósito del docente, en cambio, es que el alumno aprenda el contenido que está involucrado en el juego. (Agrasar, Chara y Chemello, 2001, p. 5)
Por último, destacamos que el juego en matemática no debe ser una actividad aislada, sino que debe formar parte de una secuencia didáctica diseñada en torno al trabajo con ciertos contenidos matemáticos seleccionados con una intención. En tal sentido, y dependiendo del propósito del docente, el juego podrá ubicarse en lugares diferentes de la secuencia, de acuerdo al propósito que persiga:
- Para evaluar, tanto el iniciar una secuencia de enseñanza, haciendo un diagnóstico de los conocimientos que cada niño puede utilizar al jugar como luego de realizar un conjunto de actividades para identificar los avances.
- Para dar lugar a que se construyan nuevos conocimientos, anticipando las preguntas que se podrían formular para explicitar los conocimientos utilizados y reflexionar sobre ellos a fin de hacer avanzar las estrategias luego de jugar varias veces.
- Para dar la oportunidad de reinvertir conocimientos que se han trabajado con otros problemas de la secuencia, proponiendo profundizar algún aspecto y planificando actividades para después de jugar.
- Para fortalecer aprendizajes en instancias de familiarización dentro o fuera de la escuela, volviendo a usar lo conocido con más seguridad o más rápidamente.
En OportunaMENTE vas a encontrar propuestas que incluyen los juegos como un recurso de enseñanza para trabajar distintos contenidos y adaptarlas al nivel de los aprendices que tengas en tu sala.
Bibliografía:
Sarlé, P. (2010). Juego reglado. Un álbum de juegos. Buenos Aires: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura http://www.unicef.org/argentina/spanish/Cuaderno_4_Juego_Regrado.pdf